Dice Carme Chacón que deja a un lado sus intenciones de ser candidata del PSOE porque ve que el partido se va al garete. Algo que históricamente se les da muy bien a los socialistas. Lo cierto es, que siempre que el partido ha triunfado, es bajo un liderazgo sólido. Y por mucho que alaben las primarias, saben perfectamente que el debate interno les destroza. Por que no son disciplinados y porque, en el PSOE, eso de destruirse entre ellos es ya un clásico. Para más ejemplos ver lo que pasa en el PSM o en el PSPV.
El ruido generado en torno al duelo entre Rubalcaba y Chacón se ha unido a la catástrofe electoral. Y dice Chacón que abandona la carrera para no desunir al partido. Yo creo que lo hace para no pegarse el castañazo padre el año que viene y ver cortada de raíz su carrera. Si Zapatero se sale con la suya y todo queda en unas primarias, Chacón podrá retar a un Rubalcaba arrasado electoralmente en un congreso. El PSOE mendigará aire fresco para poder medirse con un PP que tendrá una gran ventaja en el Congreso. Ella será diputada, estará limpia de fracaso y propondrá exactamente lo mismo que ha dicho hoy que iba a plantear para el partido.
Porque no deja de ser que hables de un programa de intenciones que no vas a proponer. Y más raro aún, es que convoques a la prensa con urgencia para dar la cara con un discurso bien estructurado y prácticamente aprendido de memoria. Esto está previsto desde el domingo. O incluso antes.
Creo que Chacón ha empujado a Rubalcaba a comerse el marrón de marzo, este movimiento le deja sin rival. Es, en definitiva, un regalo envenenado que evita ahora un congreso que le entregue todo el poder del PSOE. Cuando toque, Chacón saldrá aclamada porque nadie más que ella tiene ahora mismo en el PSOE la proyección mediática que requiere ese sólido liderazgo que mantenga el partido unido.
La Chamusquina
jueves 26 de mayo de 2011
sábado 14 de mayo de 2011
Tenemos un problema en Europa
La Unión Europea empezó como una forma de acelerar la recuperación del viejo continente después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Había que producir y vender acero y carbón con soltura para que el asolado territorio que sirvió de campo de batalla pudiera ser fuente de mano de obra y prosperidad. Todo empieza y acaba así. Al fin y al cabo, todas las medidas políticas se toman para buscar un progreso que mejore la calidad de vida de los ciudadanos.
Aquel germen que se llamó Comunidad Europea del Carbón y del Acero y que aglutinaba a seis países europeos, culminó en lo que hoy es la Unión Europea, con 27 naciones unidas, con el viejo pretexto de ser una potencia mundial a través de la creación de un mercado común con más habitantes de los que tiene Estados Unidos.
La crisis se ha llevado por delante elementos del Estado del Bienestar y también los principios en los que se basaba la construcción europea. El tratado Schengen para la libre circulación de personas dentro de la Unión Europea ha sido, sin duda, un elemento dinamizador de las economías, ha permitido agilidad y ha creado desarrollo. Exactamente igual que el euro, que en un primer momento supuso un buen espaldarazo a los países que estaban en pleno desarrollo, y ahora supone un lastre paras las economías más débiles por la ausencia total de un gobierno económico europeo y para el que las potencias no aportan voluntad alguna.
Ahora son los dos elementos más atacados por aquellos que no son conscientes de la imperiosa necesidad de unirse que tiene esta Europa para poder competir en el mundo. Los ultraderechistas que han sabido ir en la dirección que marca el desencanto popular, son los mismos que son incapaces de comprender qué nos depara el hecho de que unos países emergentes van a superar económicamente a todas las naciones europeas en pocos años.
La visión cortoplazista de estos populistas pone en peligro una necesidad tan elemental como es una unidad económica política y social de los europeos. De lo contrario Alemania, Francia y Reino Unido mantendrán sus posiciones de mercado y los demás nos convertiremos en pedigüeños países incapaces de ocupar un lugar en el mundo, lo que ya pone en duda el futuro de generaciones venideras.
Aquel germen que se llamó Comunidad Europea del Carbón y del Acero y que aglutinaba a seis países europeos, culminó en lo que hoy es la Unión Europea, con 27 naciones unidas, con el viejo pretexto de ser una potencia mundial a través de la creación de un mercado común con más habitantes de los que tiene Estados Unidos.
La crisis se ha llevado por delante elementos del Estado del Bienestar y también los principios en los que se basaba la construcción europea. El tratado Schengen para la libre circulación de personas dentro de la Unión Europea ha sido, sin duda, un elemento dinamizador de las economías, ha permitido agilidad y ha creado desarrollo. Exactamente igual que el euro, que en un primer momento supuso un buen espaldarazo a los países que estaban en pleno desarrollo, y ahora supone un lastre paras las economías más débiles por la ausencia total de un gobierno económico europeo y para el que las potencias no aportan voluntad alguna.
Ahora son los dos elementos más atacados por aquellos que no son conscientes de la imperiosa necesidad de unirse que tiene esta Europa para poder competir en el mundo. Los ultraderechistas que han sabido ir en la dirección que marca el desencanto popular, son los mismos que son incapaces de comprender qué nos depara el hecho de que unos países emergentes van a superar económicamente a todas las naciones europeas en pocos años.
La visión cortoplazista de estos populistas pone en peligro una necesidad tan elemental como es una unidad económica política y social de los europeos. De lo contrario Alemania, Francia y Reino Unido mantendrán sus posiciones de mercado y los demás nos convertiremos en pedigüeños países incapaces de ocupar un lugar en el mundo, lo que ya pone en duda el futuro de generaciones venideras.
martes 3 de mayo de 2011
¡Qué vergüenza!
Los marines entran, olfatean con el poder que dan los satélites y los traidores y disparan. Misión cumplida. El enemigo ha caído y se lo hemos contado en directo.
Aquel que inspiró en su día la división de los tres poderes probablemente se revolvería en su tumba al ver por la tele lo que pasa en el mundo. Asistimos complacidos a ejecuciones sumarias sin proceso judicial, y vemos como la gente sale a la calle después de que, a miles de kilómetros, un grupo de marines entra en un país ajeno y ejecuta a quien se le ponga por delante. No sólo se invade un país, sino que también se mata a gente gracias a una autorización que goza del membrete de la Casa Blanca. Y obviamente, no será la última vez.
El señor que prometía Justicia para los Estados Unidos y para el mundo firma sentencias de muerte y disfruta en compañía del espectáculo por televisión y eleva hasta el orgasmo patriótico a toda una nación.
Parece una película, pero no lo es. Esos soldados tenían la misma licencia para matar de la que gozaba James Bond en nombre de la Reina. Es la guerra contra el terrorismo que el señor Bush instaló, la del todo vale, la misma que Israel emplea desde hace años con los palestinos, y con la que las democracias europeas coquetearon en plena guerra fría. Un método que nunca va a acabar con el terrorismo. Por mucho que se empeñen, es sólo un paso más a la indignidad humana. Igual de condenable que los genocidios o los malos tratos.
Siempre creí que una acusación debe ser probada ante un tribunal. Y la anunciada muerte de Osama Bin Laden, y su posterior celebración me produce la misma sensación que viví al comprobar en directo como los aviones tumbaron las Torres Gemelas. Ambos se creyeron verdugos sin pedir explicaciones. Es un asco interno con los que uno empieza a plantearse si esta raza merece una lucha por el bien común.
En la suma de despropósitos, me avergüenza que el gobierno de mi país envíe un telegrama en el que celebra una ejecución de este tipo.
Y por mucho que algunos pretendan cantar victoria, el mundo seguirá en peligro por Al Qaeda y por muchos otros dementes que campan a sus anchas. Esto no les va a frenar. Al igual que ocurrió con el GAL en España, lo único que logra este tipo de medidas "valientes y osadas" es entregar más adeptos para su causa. Por que nosotros creemos en la Justicia y ellos no. Al ponernos a su altura no hacemos otra cosa que darles la razón; con la muerte se logran objetivos.
Mission Accomplished, mister President.
Aquel que inspiró en su día la división de los tres poderes probablemente se revolvería en su tumba al ver por la tele lo que pasa en el mundo. Asistimos complacidos a ejecuciones sumarias sin proceso judicial, y vemos como la gente sale a la calle después de que, a miles de kilómetros, un grupo de marines entra en un país ajeno y ejecuta a quien se le ponga por delante. No sólo se invade un país, sino que también se mata a gente gracias a una autorización que goza del membrete de la Casa Blanca. Y obviamente, no será la última vez.
El señor que prometía Justicia para los Estados Unidos y para el mundo firma sentencias de muerte y disfruta en compañía del espectáculo por televisión y eleva hasta el orgasmo patriótico a toda una nación.
Parece una película, pero no lo es. Esos soldados tenían la misma licencia para matar de la que gozaba James Bond en nombre de la Reina. Es la guerra contra el terrorismo que el señor Bush instaló, la del todo vale, la misma que Israel emplea desde hace años con los palestinos, y con la que las democracias europeas coquetearon en plena guerra fría. Un método que nunca va a acabar con el terrorismo. Por mucho que se empeñen, es sólo un paso más a la indignidad humana. Igual de condenable que los genocidios o los malos tratos.
Siempre creí que una acusación debe ser probada ante un tribunal. Y la anunciada muerte de Osama Bin Laden, y su posterior celebración me produce la misma sensación que viví al comprobar en directo como los aviones tumbaron las Torres Gemelas. Ambos se creyeron verdugos sin pedir explicaciones. Es un asco interno con los que uno empieza a plantearse si esta raza merece una lucha por el bien común.
En la suma de despropósitos, me avergüenza que el gobierno de mi país envíe un telegrama en el que celebra una ejecución de este tipo.
Y por mucho que algunos pretendan cantar victoria, el mundo seguirá en peligro por Al Qaeda y por muchos otros dementes que campan a sus anchas. Esto no les va a frenar. Al igual que ocurrió con el GAL en España, lo único que logra este tipo de medidas "valientes y osadas" es entregar más adeptos para su causa. Por que nosotros creemos en la Justicia y ellos no. Al ponernos a su altura no hacemos otra cosa que darles la razón; con la muerte se logran objetivos.
Mission Accomplished, mister President.
lunes 25 de abril de 2011
¿Y qué hacemos ahora con Siria?
Después de presionar en Túnez, Yemen y Egipto y de intervenir con armas en Libia, es hora de preguntarse qué va a hacer Occidente en Siria.
Técnicamente, la situación actual es más cercana a Libia que a las otras. Al igual que Gadafi, Bachar Al Asad dispara contra su pueblo. Y lo hace porque no puede controlarlo. Siempre he pensado que cuando la gente se expone tan directamente a ser fusilado es porque no ven que sus vidas tengan futuro alguno. Y el caso de Siria es el prototipo perfecto de lo que han pretendido esos regimenes autoritarios de Oriente Medio. Apertura al turismo, cerco al periodista y mano dura con el pensamiento libre. Y Occidente siempre lo ha aplaudido. Hasta ahora.
Acorralados por sus opiniones públicas, los gobiernos democráticos se ven obligados a condenar y a adoptar nuevas medidas contra las dictaduras que han vitoreado. Hace poco más de un mes, nuestra ministra de Asuntos Exteriores visitó Damasco para decir que esperaba avances democráticos en Siria. Menos mal, vaya ojo.
La relación de España con Siria siempre ha sido estrecha, sin depender de la ideología gubernamental. España fue puerta para las relaciones de Damasco con Occidente y los vínculos personales son notables a lo largo de los últimos años. Son Excelentes y con un claro objetivo de incrementarse en el futuro. Es uno de los pocos países productores de petróleo con el que España mantiene una balanza comercial equilibrada. Nosotros, según el Ministerio de ASuntos Exteriores, les vendemos sobre todo maquinaria de todo tipo y mantenemos varios acuerdos de cooperación.
El Rey, Suárez, González, Aznar y Zapatero han acudido a Damasaco a darse abrazos con los Assad. Incluso Rajoy fue el representante español en los funerales del general que inició una nueva dinastía en la que sólo participa una minoría suní que se ha guardado para sí misma todos los puestos importantes del régimen. Una famila que se convierte en élite y que no representa la verdadera distribución de la población. Lo mismo pasaba en Iraq -con partido Baaz único- y mira como acabaron.
Ben Alí, Mubarak, Saleh, Gadafi y Al Assad eran amigos, extravagantes aunque rentables. Gente maja a la que abrazar. Vamos a pagar por esto durante varios años, por mucho que ahora digamos que son enemigos de su pueblo y que Occidente no puede cruzarse de brazos. Después de lo de Libia, la opción militar se antoja como la más esperable si la cosa se complica.
Técnicamente, la situación actual es más cercana a Libia que a las otras. Al igual que Gadafi, Bachar Al Asad dispara contra su pueblo. Y lo hace porque no puede controlarlo. Siempre he pensado que cuando la gente se expone tan directamente a ser fusilado es porque no ven que sus vidas tengan futuro alguno. Y el caso de Siria es el prototipo perfecto de lo que han pretendido esos regimenes autoritarios de Oriente Medio. Apertura al turismo, cerco al periodista y mano dura con el pensamiento libre. Y Occidente siempre lo ha aplaudido. Hasta ahora.
Acorralados por sus opiniones públicas, los gobiernos democráticos se ven obligados a condenar y a adoptar nuevas medidas contra las dictaduras que han vitoreado. Hace poco más de un mes, nuestra ministra de Asuntos Exteriores visitó Damasco para decir que esperaba avances democráticos en Siria. Menos mal, vaya ojo.
La relación de España con Siria siempre ha sido estrecha, sin depender de la ideología gubernamental. España fue puerta para las relaciones de Damasco con Occidente y los vínculos personales son notables a lo largo de los últimos años. Son Excelentes y con un claro objetivo de incrementarse en el futuro. Es uno de los pocos países productores de petróleo con el que España mantiene una balanza comercial equilibrada. Nosotros, según el Ministerio de ASuntos Exteriores, les vendemos sobre todo maquinaria de todo tipo y mantenemos varios acuerdos de cooperación.
El Rey, Suárez, González, Aznar y Zapatero han acudido a Damasaco a darse abrazos con los Assad. Incluso Rajoy fue el representante español en los funerales del general que inició una nueva dinastía en la que sólo participa una minoría suní que se ha guardado para sí misma todos los puestos importantes del régimen. Una famila que se convierte en élite y que no representa la verdadera distribución de la población. Lo mismo pasaba en Iraq -con partido Baaz único- y mira como acabaron.Ben Alí, Mubarak, Saleh, Gadafi y Al Assad eran amigos, extravagantes aunque rentables. Gente maja a la que abrazar. Vamos a pagar por esto durante varios años, por mucho que ahora digamos que son enemigos de su pueblo y que Occidente no puede cruzarse de brazos. Después de lo de Libia, la opción militar se antoja como la más esperable si la cosa se complica.
lunes 21 de marzo de 2011
El debate nuclear
El debate abierto en España y medio mundo sobre la idoneidad de la energía nuclear es cínico, infundado y peligroso. De un bando y del otro.
Los que siempre se han mostrado a favor de llenar cada rincón del mundo con reactores ahora agachan la cabeza y dicen que siempre hay que hacer lo que digan los técnicos. Entre ellos el señor Aznar, que ha alcanzado un grado de hipocresía mayúsculo desde que dejó la Moncloa para dedicarse a dar lecciones allende los mares.
Este señor, que ahora va de perdona-vidas con todo aquel que gobierna, no hizo nada por reactivar la energía nuclear española durante sus ocho años de presidente. Y ahora exige que otros hagan lo que él no hizo. Y pasa lo mismo con la reforma laboral y con tantas otras cosas. La gallardía se demuestra cuando hay que tomar decisiones y no desde un cómodo sillón inflado de euros a costa del contribuyente.
Pero Aznar es sólo un ejemplo de la clase de políticos que sólo trabajan a corto plazo para lograr una posteridad agraciada. El desastre de Fukushima no tiene nada que ver con las centrales españolas, ni con las de medio mundo, porque pocos países tienen las mismas condiciones geológicas de Japón. La pregunta no es si la energía nuclear es segura, sino ¿qué diablos hacía una central nuclear tan vieja y tan merced de un posible maremoto como Fukushima? Ese es el debate y no otro.
Aquellos que se oponen a las nucleares aprovechan la coyuntura para demostrar lo mala que es esta energía. Y lo cierto es que es más peligrosa que cualquier otra fuente de electricidad. Y mucho más cara, si se cuenta lo que cuesta a la larga la gestión de los residuos radioactivos que genera y cuya vida se alarga más allá de los 200 años. Pero no es el momento de hablar de esto, es hora de ayudar y de reconstruir.
Incluso Zapatero vuelve a recular en su política. Llegó al gobierno como un ultra en contra de la energía nuclear, luego se lo piensa, y ahora vuelve a posicionarse según sopla el viento. Esto lo dice todo. Un cortoplacismo que ayuda a no resolver nunca los problemas reales de los ciudadanos.
Mal por los pronucleares, que ahora con cobardía agachan la cabeza y anuncian medidas populistas y vergonzosas como Angela Merkel, y mal por los antinucleares, que aprovechan una tragedia para iniciar una campaña sin recordar que han muerto miles de personas y que ahora nos deberíamos ocupar de ellas en lugar de pensar como va a llegar la luz a nuestras casas.
Los que siempre se han mostrado a favor de llenar cada rincón del mundo con reactores ahora agachan la cabeza y dicen que siempre hay que hacer lo que digan los técnicos. Entre ellos el señor Aznar, que ha alcanzado un grado de hipocresía mayúsculo desde que dejó la Moncloa para dedicarse a dar lecciones allende los mares.
Este señor, que ahora va de perdona-vidas con todo aquel que gobierna, no hizo nada por reactivar la energía nuclear española durante sus ocho años de presidente. Y ahora exige que otros hagan lo que él no hizo. Y pasa lo mismo con la reforma laboral y con tantas otras cosas. La gallardía se demuestra cuando hay que tomar decisiones y no desde un cómodo sillón inflado de euros a costa del contribuyente.
Pero Aznar es sólo un ejemplo de la clase de políticos que sólo trabajan a corto plazo para lograr una posteridad agraciada. El desastre de Fukushima no tiene nada que ver con las centrales españolas, ni con las de medio mundo, porque pocos países tienen las mismas condiciones geológicas de Japón. La pregunta no es si la energía nuclear es segura, sino ¿qué diablos hacía una central nuclear tan vieja y tan merced de un posible maremoto como Fukushima? Ese es el debate y no otro.
Aquellos que se oponen a las nucleares aprovechan la coyuntura para demostrar lo mala que es esta energía. Y lo cierto es que es más peligrosa que cualquier otra fuente de electricidad. Y mucho más cara, si se cuenta lo que cuesta a la larga la gestión de los residuos radioactivos que genera y cuya vida se alarga más allá de los 200 años. Pero no es el momento de hablar de esto, es hora de ayudar y de reconstruir.
Incluso Zapatero vuelve a recular en su política. Llegó al gobierno como un ultra en contra de la energía nuclear, luego se lo piensa, y ahora vuelve a posicionarse según sopla el viento. Esto lo dice todo. Un cortoplacismo que ayuda a no resolver nunca los problemas reales de los ciudadanos.
Mal por los pronucleares, que ahora con cobardía agachan la cabeza y anuncian medidas populistas y vergonzosas como Angela Merkel, y mal por los antinucleares, que aprovechan una tragedia para iniciar una campaña sin recordar que han muerto miles de personas y que ahora nos deberíamos ocupar de ellas en lugar de pensar como va a llegar la luz a nuestras casas.
martes 1 de marzo de 2011
Corre que te pillo
Estamos gobernados por lumbreras. Una dependencia extrema del petróleo extranjero nos obliga hoy a reducir, en unos vertiginosos 10 km/h, la velocidad que podemos alcanzar en autovías, precisamente donde probablemente consuman menos nuestros vehículos. En cambio, nadie se plantea tomar medidas drásticas en el acceso a las ciudades. Precisamente, en esos semáforos, rotondas, y en los monumentales atascos que nos comemos en todas las ciudades de este país, es donde se va la gran mayoría de la gasolina.
Dicen que con esto vamos a ahorrar 1.500 millones de euros, lo que refuerza nuestra estabilidad. Y ojo, eso es estupendo. Pero quiero que me digan cuanto nos ahorraríamos si implantáramos medidas parisinas como como la que establece días alternos para matriculas pares e impares. También habría que ver cuanto recaudaría Gallardón con un impuesto de acceso al centro de Madrid como el de Londres. Son dos de las miles ideas que se podrían aplicar.
Pero no, en este país no afrontamos ni el problema del tráfico, ni el de la contaminación que genera. Aquí anunciamos a bombo y platillo un límite que nos vamos a seguir saltando porque los radares te hacen la foto a 125 km/h.
Yo no sé si este Gobierno improvisa. Lo que cada día tengo más claro es que, cada semana, Zapatero y su tropa intentan salvar los muebles como pueden. Y eso que estábamos en la Champions League de las economías mundiales.
Dicen que con esto vamos a ahorrar 1.500 millones de euros, lo que refuerza nuestra estabilidad. Y ojo, eso es estupendo. Pero quiero que me digan cuanto nos ahorraríamos si implantáramos medidas parisinas como como la que establece días alternos para matriculas pares e impares. También habría que ver cuanto recaudaría Gallardón con un impuesto de acceso al centro de Madrid como el de Londres. Son dos de las miles ideas que se podrían aplicar.
Pero no, en este país no afrontamos ni el problema del tráfico, ni el de la contaminación que genera. Aquí anunciamos a bombo y platillo un límite que nos vamos a seguir saltando porque los radares te hacen la foto a 125 km/h.
Yo no sé si este Gobierno improvisa. Lo que cada día tengo más claro es que, cada semana, Zapatero y su tropa intentan salvar los muebles como pueden. Y eso que estábamos en la Champions League de las economías mundiales.
lunes 21 de febrero de 2011
El dedo

No hay imagen más descriptiva de la calaña que gobierna algunos países. Y no ha sido el dictador, ha sido su hijo, al que la dinastía libia de Gadafi ha colocado ahí sin mayor mérito que el tener una vida resuelta desde el día que nació.
Ahí está, con el mismo dedo con el que pretende someter a un país igual que su padre durante los últimos 40 años. Amenaza con una guerra civil y ha dejado claro que este régimen que no va a tolerar que ocurra lo mismo que en Tunez y en Egipto, donde los faraones no han podido hacer frente al hartazgo de la población. Algunos dicen que ya han muerto 200 personas.
Las parabólicas siempre fueron el mejor efecto llamada para que los africanos se jugaran la vida en chalupas de madera. Y ahora que algunos de estos países empiezan a poder crear clases medias, las parabólicas están para recordar a los ciudadanos que sus dirigentes no se pueden enriquecer a costa de los más débiles. Ya basta.
Y por cierto, recuerdo que el ministro Moratinos acudió, hace no mucho tiempo, al gran acto de celebración del cuarenta aniversario de la golpista entronización de Gadafi. Todo un golpe de Estado que, cuatro décadas después, recibió el aplauso de medio mundo. Lo que aquí recordamos con pavor, nuestro Gobierno celebra en Libia.
Desconozco si José María Aznar, el de "cuidado con los moros que quieren recuperar Al-Andalus", conserva el caballo que le regaló Gadafi cuando fue a la misma casa del tirano a mendigar contratos para las petroleras españolas. Y tampoco sé si Zapatero seguirá tan a gusto cuando vea la cara del señor Gadafi la próxima vez.
No sé si este tirano caerá, pero lo cierto es que si esta tropa ha mangoneado durante tantos años, es porque a nosotros nos ha parecido estupendo.
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